CHARCAL/CLARA MUÑOZ

mar-negroCLARA MUÑOZ

EL PÚBLICO EN LA CHARCA
Y LOS MOSQUITOS PERPLEJOS

La obra presentada por Domingo Díaz Vega en esta individual supone un paso más en la temática que viene desarrollando en los dos últimos años. La pertenencia del hombre a la Naturaleza y su imposibilidad para permanecer fuera de sus propias leyes y de un común inevitable destino, de forma que los fenómenos humanos tienen su reflejo en lo natural y viceversa.

La mayoría de las esculturas que componen «Charcal» ( nubes, dunas, olas, insectos, agua…) están resueltas mediante una iconografía pop con la que articula un discurso en torno a la artificialización de la Naturaleza, apropiándose de esta para recrearla. Aunque este escultor toma de la misma los códigos de representación, es consciente de que hoy en día todo lo que conforma la realidad física solo puede manifestarse teniendo como punto de partida la ilusión, el juego de la apariencias, la simulación. Como los escritores de fábulas, utiliza la metáfora, el símbolo y la alegoría para hablarnos del mundo. El agua, como ejemplo de los ciclos vitales y como torrente que fluye en relación al discurrir de la vida en los espacios habitados, ha sido ya tratado por este escultor con anterioridad.

Domingo Díaz ha realizado una obra que refleja una gran preocupación estética, en una primera impresión, casi decorativa, en la cual se acepta la implicación del espectador en el movimiento y desarrollo del conjunto expuesto. Frente a la instalación de sus esculturas de forma clásica en el recinto interior de la sala, en el exterior, la obra de arte se enfrenta directamente con la naturaleza

Los jardines son los lugares que siempre frecuentará el que busca descubrir el espacio y la topografía de un entorno amable. Parte de estos últimos trabajos han sido concebidos para estar ubicados en el jardín, ámbito en que la Naturaleza aparece ordenada, sometida, seleccionada y cercada. El Jardín simboliza el intento del hombre de dar un sentido duradero y funcional a la Naturaleza. La capacidad de sugerencia que tienen ciertos emplazamientos concretos de este espacio para estimular actuaciones especificas, ha propiciado la elaboración de estas esculturas que crean un ambiente de irrealidad, donde los insectos gigantes, dignos de un película de terror, se sitúan en un paisaje estatizado. Con todo ello se crea un contexto en el cual se yuxtapone la naturaleza y el artificio en un proceso de imitación interrelacionado.

gotaAhora su mirada se dirige al hábitat de nuestro entorno más inmediato, recuperando la tierra, y más concretamente, los jardines de la Universidad que sirven de circuito para un paseo por el Campus. Sus piezas contactan con el mundo exterior modificando el entorno y reestructurando el espacio donde se instalan. Una gran araña negra de largas patas, sobredimensionada, camina sobre la vegetación. La eterna tejedora se ubica próxima a unas aguas estancadas poblada por una fauna vil de grandes mosquitos metálicos, siempre ávidos por chupar los jugos que dan vida a otros cuerpos. La charca refleja el color azul-verdoso del Universo. El agua empantanada, la ciénaga infecta, presumiblemente mal oliente y putrefacta, recrea un paisaje que ha sido instalado sobre otro paisaje y ésta a su vez sobre un paisaje anterior, reactivando la creación de un nuevo ambiente algo más inquietante.

Domingo nos habla también de ese manifiesto estancamiento ideológico de fin de siglo, que es percibido con preocupación desde diferentes posturas intelectuales y que afecta tanto a las esferas del arte como a las del pensamiento. Podríamos decir que esta crisis nos ha acompañado durante estas últimas décadas del primer milenio. Ningún lugar mejor que el recinto universitario para dar forma a esta metáfora amarga. No obstante el tratamiento es irónico e incluso denota un innegable sentido del humor.

En el espacio interno de la sala se instalan fragmentos descontextualizados de esta naturaleza artificial, siguiendo un proceso de abstracción del que no es ajeno el contenido de los propios Museos de Historia Natural.

La teatralidad construida en el exterior parece activarse con la presencia de personas que deambulan entre las piezas escultóricas. En el interior, sin embargo se respira un intimismo que acompaña a los que examinan minuciosamente un vegetal extraño. Pero hay que preocuparse, porque sólo por las noches estos grandes insectos cobran vida y buscan sus victimas entre las parejas que eligen el campus para hacer manitas.